Un arco iris en la noche



Si hay un escritor que me ha marcado, ese ha sido Dominque Lapierre. A través de sus libros he conocido lugares que me impresionaron hasta tal punto que los tuve que ver con mis propios ojos. Historias de personas que tuve que vivir.

El primer libro suyo que leí fue la Ciudad de la alegría, donde cuenta el día a día de un slum (barrio marginal) de Calcuta y lo que un hombre puede llegar a hacer. No pasaron ni dos años y estaba yo en Calcuta, pues tenía que ver aquello. Pasaron los años, y después de “Esta noche la libertad” (también de la india), “O llevaras luto por mí” (La historia reciente de España a través de los ojos de un torero), llego a mis manos “Oh Jerusalén”, donde se narraba el nacimiento del estado de Israel. Y al cabo de un año estaba en Budapest cogiendo un avión para Tel Aviv y de ahí a Jerusalén. Y con “Arde Paris” me sentí como un soldado aliado cuando baje del tren en La Gare de Austerlitz.

Ahora Dominque Lapierre publica “Un arco iris en la noche”. El libro comienza el 6 de abril de 1652, cuando unos jardineros Holandeses desembarca en la punta más austral de África, para fundar la historia de un país que todavía no existe: Sudáfrica. Un país donde un pueblo de 4 millones de blancos creará el Apartheid, una dictadura que se llevará la vida de cientos de miles de victimas negras, pero de la que surgirá un gigante de nuestro tiempo: Nelson Mandela.

Visto lo visto. ¿Cuánto falta para que mi avión despegue rumbo a Johannesburgo? Leer más...

Una botella de Jack Daniel's



Ayer me bebí una botella de Jack con dos de mis mejores amigos.
Llegué a cas acomo pude y ha vuelto a amanecer una vez más. He descubierto que podría beberme cualquier cosa, incluso las tripas de un perro.
Menos mal que las mias son bastante duras, otro día más sin resaca.
Quizás un día de estos me deje de tonterias y me dedique en exclusiva a mi vida nocturna.
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The Fountain, una mirada a la muerte y a la vida

Recupero el estupendo reportaje que apareció en Días de cine con motivo del estreno de The Fountain, de Daren Aronofsky.

Porque me apetecía divagar sobre el sentido de la vida y la muerte y porque es una de las pocas películas que consiguen algo muy difícil hoy en día: conmover de verdad. Leer más...

No tenéis derecho a respirar...

Acabo de oir esto en la tele:
-¿Has hecho amor sin sexo tía?
-Pos no.



¿Por qué se le puede negar el derecho a respirar a alguien? Cualquiera diría que no se le puede negar a nadie. Yo creo que la ineptitud, superficialidad y todo aquello que nos convierte en animales que van atusándose las plumas en busca de reproducir sus genes defectuosos, están en la lista de cosas que podrían hacernos perder el derecho a respirar.
He encendido la tele hace 5 minutos y me he encontrado con Gran Hermano otra vez. Van por la décima edición. Somos el primer país de Europa que llega a la décima edición, en los demás no han conseguido soportar tanta mierda.

Busco gente con más de dos neuronas para empezar una nueva civilización en algún lugar remoto.
Ah que eso tambien es un reality show¡¡¡¡ Leer más...

Inmigración España --> Search Images


Día festivo tras noche de víspera de festivo. Noche de alcohol y humo, de bares y música. Mañana de resaca.
Me he levantado con la cabeza algo tocada, una zapatilla dentro de mi boca y un dolor de todo un poco. El bajón ha llegado cuando he abierto la nevera y no había nada en ella y cuando he ido a por el tabaco y el paquete estaba vacío. Toca bajar a la calle.

Al bajar pienso que por suerte los “pakis” abren los festivos. Pakis es como en Barcelona se le conocen a los pequeños supermercados que te venden de todo un poco. Lo que en otros sitios son chinos, aquí son “pakis”.
Entro y saludo al tendero, de raza hindú que charlaba con un amigo suyo, también hindú. Mientras cojo provisiones para el día de resaca que me espera, veo como una señora entrada en edad, vestida de estar por casa (típica maruja) a la que yo llamaría Gregoria, se acerca a pagar.
Gregoria esta muy indignada, tiene un vecino que se dedica a poner la música alta los días de fiesta, no se da cuenta que a Gregoria y a José, su marido, les gusta dormir hasta tarde los días de fiesta. A Gregoria no le queda más que desahogarse con el tendero, aunque este sea hindú y no hable muy bien el castellano. Que si no hay derecho, que hay que llamar a la guardia urbana… El tendero hindú la escuchaba y le daba razón, que es lo que un tendero debe hacer. Y Gregoria se va tranquila para casa después de haberse desahogado con el de la tienda de abajo.
Ya tenemos comida, falta el tabaco. De camino a mi casa hay un bar que también abre los festivos. Por fuera y por dentro es el típico bar que encuentras en cualquier ciudad. La única diferencia es que tanto el camarero como la chica que esta tras la barra son chinos (o japoneses, o taiwaneses o coreanos o de donde sea). Y como en todo bar también están los parroquianos.
Hay una señora, a la que se me hace llamarla Dolores, que aunque son las 2 de la tarde ya debe ir por el tercer cubata. Está sentada en un taburete de la barra, se tambalea y le cuesta hablar. Dolores tiene la extrema delgadez que da la mala vida y el alcoholismo. También le ha pasado algo curioso recientemente, no estoy lo suficiente como para enterarme, pero el caso es que Dolores se desahoga con la chinita de detrás de la barra, aunque a esta le cueste entender el castellano: Que si dormí con mi hermana en el hotel donde se quedaba, que si había una cama enorme, que si se dio una ducha de película… La chinita sonríe y la escucha mientras seca los vasos, que es lo que una camarera debe hacer. Escuchar a sus clientes y dejar que se desahoguen.
Hay quien dice que en España hay demasiados inmigrantes, que no se integran, que traen pobreza, paro y delincuencia. Ni dolores ni Gregoria piensan así, ellas siguen haciendo su vida y no les importa que sus interlocutores sean de otra raza, idioma o color. Ni Gregoria ni Dolores han tenido ningún problema para integrase.
Después de escribir esto he ido a buscar una foto para la cabecera. He escrito “inmigración en España” en un buscador de fotos de Internet y, por desgracia, las imágenes que han aparecido reflejaban algo muy distinto a lo que he visto esta mañana, cuando salía a la calle.

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Devoradores de cadáveres, de Michael Crichton, o la delgada línea entre ficción y realidad

Repasando los otros días una de las primeras obras del escritor norteamericano, La amenaza de Andrómeda, recordé que siempre me había parecido un escritor entretenido, cercano a la ciencia y a la fantasía –agujeros negros, viajes en el tiempo, dinosaurios…-. Además, guardaba el mejor recuerdo posible de otra de sus novelas que, sin embargo, nada tenía que ver con su estilo de escritura más conocido. ¿Qué me atraía de ella? No conseguía recordarlo… hasta que una reciente relectura me despertó la memoria.

A un clic

Argumento

En el 921 D.C., el califa de Bagdad manda a Ahmad ibn-Fadlan, su emisario, a tierras búlgaras con el objetivo de instruirles en la fe y la cultura árabe del Islam. Atravesando tierras inhóspitas y peligrosas, jamás alcanzará su destino, debido a que 12 guerreros vikingos que parten con una misión imposible, necesitan de un último miembro que sea extranjero. Obligado por las circunstancias, el árabe acompañará a los nórdicos hasta sus gélidas tierras para enfrentarse a un terror sin nombre, que sólo puede ser derrotado por el líder de la expedición vikinga, Buliwyf.

Razón de ser de la novela


Crichton se sirve de un antiguo poema –el más antiguo conocido donde pueden encontrarse detalles sobre la vida de los vikingos- para, tras rastrear todas sus traducciones a distintas lenguas a lo largo y ancho del globo, presentárnoslo de manera novelada en apenas 170 páginas. El libro incluye también una extensa Introducción, donde el autor explica la historia del manuscrito, así como los datos conocidos de su escritor, el árabe ibn-Fadlan. Así mismo, un Apéndice al final del volumen nos trata de aclarar, según los estudios de prestigiosos eruditos realizados, qué son en realidad aquellas descripciones fantásticas que hizo su autor sobre monstruos marinos, dragones de Korgón o los wendol, que dan nombre al libro –un poco rimbombante para mi gusto-. De esa forma, la historia está llena de notas a pie de página que explican algunas interpretaciones del texto, generalmente disputas entre expertos sobre esta o aquella traducción del original árabe. La verdad es que ayudan a la comprensión y dan muestras de credibilidad.

Por ello, nos encontramos ante un relato en primera persona, donde al principio se describe bastante bien lo que es el viaje hacia las tierras del norte, salpicado siempre del asombro del árabe al ver las costumbres de los nórdicos, totalmente opuestas a las suyas. Cuando es obligado a partir con los vikingos, sus descripciones de sus viajes en barco, sus supersticiones y las criaturas de leyenda que se van encontrando son muy buenas, llenando de tensión al lector, sobre todo en los enfrentamientos directos con ellas. Un viaje hacia lo desconocido muy bien narrado, lleno de sorpresas y misterios.

Ligero apunte sobre la adaptación cinematográfica

En 1999, John McTiernan dirigió una adaptación llena de problemas, que acabó con el despido del director y con un montaje final a manos del propio Michael Crichton, que figura como productor –eso se rumoreó al menos, aunque McTiernan aparece acreditado como director-. Una película de aventuras donde lo que prima es la acción y donde lo más llamativo es la transformación de un embajador árabe refinado y algo cobarde –el del manuscrito- en un experto luchador cimitarra en mano y un valeroso jinete, encarnado en la persona de Antonio Banderas. Aparte de eso, no deja de ser una peli entretenida, de las pocas bien ambientadas en el mundo de los vikingos y que quizás quedó algo oscura, en el sentido de que muchas veces no se aprecia bien qué es lo que está ocurriendo, ya que todo se desarrolla en la noche, entre brumas o en cavernas oscuras.

Apuntes fácticos, ¡Sorpresa, sorpresa! Epílogo a la novela

Tras el apéndice, un Epílogo del autor de la novelización, Michael Crichton, da el cierre a la historia. Y de qué manera. Aquí estaba el meollo de la cuestión, lo que no podía recordar pero me atraía desde la primera vez que lo leí hace un montón de años. La verdad absoluta. La verdad de la buena. Y no es otra que… todo es mentira. Ficticio. Notas de páginas incluidas. Personajes. Los Apéndices. ¡La bibliografía! Menos mal que no me puse a buscar las referencias para averiguar más de los vikingos...

Explica Crichton que, basándose en el poema anglosajón de Beowulf, se puso a indagar de dónde vendría éste, con la teoría de que toda esa tradición viene de una tradición oral previa, que seguro que tuvo una base real que con el paso del tiempo ha ido mutando. Pero como le fue imposible encontrar puntos de unión fiables, decidió inventarse la historia en la que supuestamente el poema Beowulf estuviera basado. Para ello usó al personaje del árabe diplomático –que parece ser que sí que existió e hizo un viaje al norte- de forma que los tres primeros capítulos –dedicados a viajes, obviamente- son la única parte con algo de verdad de todo el relato. Lo demás es fruto de su imaginación.

Lo que nos lleva a la cuestión de la fina línea existente entre realidad y ficción, ya que, sin esta explicación final, el libro parece totalmente real. Algo parecido me sucedió con un libro más reciente, del español Javier Cercas, Soldados de Salamina –del que también hay adaptación cinematográfica, con Ariadna Gil- donde todavía no he llegado a desentrañar qué parte es real y cuál no, incluso si todo es inventado.

Ya se que bajo el título de novela se predispone una parte de inventiva, por muy histórica que esta sea. ¿Pero dónde está la línea y dónde la frontera? ¿Qué parte es real –o lo fue- y cual es totalmente inventada, fruto de las noches en vela del autor? Un tema fascinante, ¿no?
Antonio Banderas, apunto para repartir estopa

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Tributo a Richard Wright

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Esas 8 notas

En la vida suceden muchas cosas, la inmensa mayoría caen rápido en el olvido, pero unas pocas nos marcan, nos persiguen, nos hacen diferentes (o iguales).

Cuando las vives nunca te das cuenta de la repercusión que va a tener. No sabes hasta que punto esa decisión tomada, esa frase callada, esa esquina doblada o ese beso guardado te va a condicionar el resto de tu vida. Otras veces es algo que lees, algo que veas o algo que escuchas…algo que escuchas. Canciones. Melodías. Hay canciones que marcan una vida… para bien o para mal… y si no, preguntárselo a Rob:

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Pase lo que pase, sea lo que sea

El pasado 24 de agosto el circo de Manu Chao llegaba a norte América. Dentro de la gira “Y ahora que?” que en su periplo norteamericano lo llevaría a San Francisco, Texas y Tijuana. Esta última, ciudad fetiche para el gallego (por mucho que digan los del otro lado de los pirineos, me reafirmo: el gallego) ya sea por la mítica canción de “Welcome to Tijuana” o por la leyenda que los mexicanos defienden con orgullo de que Manu Chao vivió por un tiempo en Tijuana.

El escenario elegido fue la plaza de toros monumental de playas de Tijuana, situada al oeste de la ciudad justo al borde del océano pacifico. Tras 4 horas de autobús volviendo de la ciudad de Mexicali nos presentamos en Tijuana dispuestos a disfrutar del espectáculo. Y la banda no defraudó. Casi 3 horas de concierto repasando temas de todos sus discos en solitario y también de su época de Mano negra. Además en esta gira ha recuperado a “garbancito”, segunda voz e icono de Mano Negra.

El publico se volcó completamente y las gargantas se quedaron afónicas cuando comenzaron los acordes de Welcome to Tijuana, reafirmándose en su orgullo de vivir a este lado del muro. Y el músico devolvió el entusiasmo haciendo hasta 4 bises, como no queriendo acabar tan mágica noche.

Las luces se encendieron y la música se acabo. Nos quedo el sabor a Tequila en la garganta y la niebla en la mente debida a la marihuana. Niebla que intentamos disipar en los bares de Tijuana y en las dos horas de espera en la frontera para cruzar la línea y llegar al siguiente destino de nuestro viaje: San Diego.

En San Diego, con las primeras luces de la mañana, el concierto se recordaba como algo muy lejano a pesar que los acordes de la última canción aun retumbaban en nuestra cabeza, pero sabiendo que esos acordes son de esas cosas tan lejanas que nunca se olvidan.

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