Devoradores de cadáveres, de Michael Crichton, o la delgada línea entre ficción y realidad

Repasando los otros días una de las primeras obras del escritor norteamericano, La amenaza de Andrómeda, recordé que siempre me había parecido un escritor entretenido, cercano a la ciencia y a la fantasía –agujeros negros, viajes en el tiempo, dinosaurios…-. Además, guardaba el mejor recuerdo posible de otra de sus novelas que, sin embargo, nada tenía que ver con su estilo de escritura más conocido. ¿Qué me atraía de ella? No conseguía recordarlo… hasta que una reciente relectura me despertó la memoria.

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Argumento

En el 921 D.C., el califa de Bagdad manda a Ahmad ibn-Fadlan, su emisario, a tierras búlgaras con el objetivo de instruirles en la fe y la cultura árabe del Islam. Atravesando tierras inhóspitas y peligrosas, jamás alcanzará su destino, debido a que 12 guerreros vikingos que parten con una misión imposible, necesitan de un último miembro que sea extranjero. Obligado por las circunstancias, el árabe acompañará a los nórdicos hasta sus gélidas tierras para enfrentarse a un terror sin nombre, que sólo puede ser derrotado por el líder de la expedición vikinga, Buliwyf.

Razón de ser de la novela


Crichton se sirve de un antiguo poema –el más antiguo conocido donde pueden encontrarse detalles sobre la vida de los vikingos- para, tras rastrear todas sus traducciones a distintas lenguas a lo largo y ancho del globo, presentárnoslo de manera novelada en apenas 170 páginas. El libro incluye también una extensa Introducción, donde el autor explica la historia del manuscrito, así como los datos conocidos de su escritor, el árabe ibn-Fadlan. Así mismo, un Apéndice al final del volumen nos trata de aclarar, según los estudios de prestigiosos eruditos realizados, qué son en realidad aquellas descripciones fantásticas que hizo su autor sobre monstruos marinos, dragones de Korgón o los wendol, que dan nombre al libro –un poco rimbombante para mi gusto-. De esa forma, la historia está llena de notas a pie de página que explican algunas interpretaciones del texto, generalmente disputas entre expertos sobre esta o aquella traducción del original árabe. La verdad es que ayudan a la comprensión y dan muestras de credibilidad.

Por ello, nos encontramos ante un relato en primera persona, donde al principio se describe bastante bien lo que es el viaje hacia las tierras del norte, salpicado siempre del asombro del árabe al ver las costumbres de los nórdicos, totalmente opuestas a las suyas. Cuando es obligado a partir con los vikingos, sus descripciones de sus viajes en barco, sus supersticiones y las criaturas de leyenda que se van encontrando son muy buenas, llenando de tensión al lector, sobre todo en los enfrentamientos directos con ellas. Un viaje hacia lo desconocido muy bien narrado, lleno de sorpresas y misterios.

Ligero apunte sobre la adaptación cinematográfica

En 1999, John McTiernan dirigió una adaptación llena de problemas, que acabó con el despido del director y con un montaje final a manos del propio Michael Crichton, que figura como productor –eso se rumoreó al menos, aunque McTiernan aparece acreditado como director-. Una película de aventuras donde lo que prima es la acción y donde lo más llamativo es la transformación de un embajador árabe refinado y algo cobarde –el del manuscrito- en un experto luchador cimitarra en mano y un valeroso jinete, encarnado en la persona de Antonio Banderas. Aparte de eso, no deja de ser una peli entretenida, de las pocas bien ambientadas en el mundo de los vikingos y que quizás quedó algo oscura, en el sentido de que muchas veces no se aprecia bien qué es lo que está ocurriendo, ya que todo se desarrolla en la noche, entre brumas o en cavernas oscuras.

Apuntes fácticos, ¡Sorpresa, sorpresa! Epílogo a la novela

Tras el apéndice, un Epílogo del autor de la novelización, Michael Crichton, da el cierre a la historia. Y de qué manera. Aquí estaba el meollo de la cuestión, lo que no podía recordar pero me atraía desde la primera vez que lo leí hace un montón de años. La verdad absoluta. La verdad de la buena. Y no es otra que… todo es mentira. Ficticio. Notas de páginas incluidas. Personajes. Los Apéndices. ¡La bibliografía! Menos mal que no me puse a buscar las referencias para averiguar más de los vikingos...

Explica Crichton que, basándose en el poema anglosajón de Beowulf, se puso a indagar de dónde vendría éste, con la teoría de que toda esa tradición viene de una tradición oral previa, que seguro que tuvo una base real que con el paso del tiempo ha ido mutando. Pero como le fue imposible encontrar puntos de unión fiables, decidió inventarse la historia en la que supuestamente el poema Beowulf estuviera basado. Para ello usó al personaje del árabe diplomático –que parece ser que sí que existió e hizo un viaje al norte- de forma que los tres primeros capítulos –dedicados a viajes, obviamente- son la única parte con algo de verdad de todo el relato. Lo demás es fruto de su imaginación.

Lo que nos lleva a la cuestión de la fina línea existente entre realidad y ficción, ya que, sin esta explicación final, el libro parece totalmente real. Algo parecido me sucedió con un libro más reciente, del español Javier Cercas, Soldados de Salamina –del que también hay adaptación cinematográfica, con Ariadna Gil- donde todavía no he llegado a desentrañar qué parte es real y cuál no, incluso si todo es inventado.

Ya se que bajo el título de novela se predispone una parte de inventiva, por muy histórica que esta sea. ¿Pero dónde está la línea y dónde la frontera? ¿Qué parte es real –o lo fue- y cual es totalmente inventada, fruto de las noches en vela del autor? Un tema fascinante, ¿no?

Antonio Banderas, apunto para repartir estopa

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