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Día festivo tras noche de víspera de festivo. Noche de alcohol y humo, de bares y música. Mañana de resaca.
Me he levantado con la cabeza algo tocada, una zapatilla dentro de mi boca y un dolor de todo un poco. El bajón ha llegado cuando he abierto la nevera y no había nada en ella y cuando he ido a por el tabaco y el paquete estaba vacío. Toca bajar a la calle.

Al bajar pienso que por suerte los “pakis” abren los festivos. Pakis es como en Barcelona se le conocen a los pequeños supermercados que te venden de todo un poco. Lo que en otros sitios son chinos, aquí son “pakis”.
Entro y saludo al tendero, de raza hindú que charlaba con un amigo suyo, también hindú. Mientras cojo provisiones para el día de resaca que me espera, veo como una señora entrada en edad, vestida de estar por casa (típica maruja) a la que yo llamaría Gregoria, se acerca a pagar.
Gregoria esta muy indignada, tiene un vecino que se dedica a poner la música alta los días de fiesta, no se da cuenta que a Gregoria y a José, su marido, les gusta dormir hasta tarde los días de fiesta. A Gregoria no le queda más que desahogarse con el tendero, aunque este sea hindú y no hable muy bien el castellano. Que si no hay derecho, que hay que llamar a la guardia urbana… El tendero hindú la escuchaba y le daba razón, que es lo que un tendero debe hacer. Y Gregoria se va tranquila para casa después de haberse desahogado con el de la tienda de abajo.
Ya tenemos comida, falta el tabaco. De camino a mi casa hay un bar que también abre los festivos. Por fuera y por dentro es el típico bar que encuentras en cualquier ciudad. La única diferencia es que tanto el camarero como la chica que esta tras la barra son chinos (o japoneses, o taiwaneses o coreanos o de donde sea). Y como en todo bar también están los parroquianos.
Hay una señora, a la que se me hace llamarla Dolores, que aunque son las 2 de la tarde ya debe ir por el tercer cubata. Está sentada en un taburete de la barra, se tambalea y le cuesta hablar. Dolores tiene la extrema delgadez que da la mala vida y el alcoholismo. También le ha pasado algo curioso recientemente, no estoy lo suficiente como para enterarme, pero el caso es que Dolores se desahoga con la chinita de detrás de la barra, aunque a esta le cueste entender el castellano: Que si dormí con mi hermana en el hotel donde se quedaba, que si había una cama enorme, que si se dio una ducha de película… La chinita sonríe y la escucha mientras seca los vasos, que es lo que una camarera debe hacer. Escuchar a sus clientes y dejar que se desahoguen.
Hay quien dice que en España hay demasiados inmigrantes, que no se integran, que traen pobreza, paro y delincuencia. Ni dolores ni Gregoria piensan así, ellas siguen haciendo su vida y no les importa que sus interlocutores sean de otra raza, idioma o color. Ni Gregoria ni Dolores han tenido ningún problema para integrase.
Después de escribir esto he ido a buscar una foto para la cabecera. He escrito “inmigración en España” en un buscador de fotos de Internet y, por desgracia, las imágenes que han aparecido reflejaban algo muy distinto a lo que he visto esta mañana, cuando salía a la calle.

2 comentarios:

Kiub dijo...

Usurpador!!!

Soy Leyenda dijo...

Cierto, lo había olvidado: por un error del servidor -estamos trabajando en ello- el post del diligente colaborador de este blog, Kiub, ha aparecido con el nombre de otro. Ruego disculpen las molestias.